Apertura en los Big Five: ¿convencional, interesado o progresista?
Qué mide la apertura, qué revelan 2.704 perfiles y cómo pueden colaborar mejor las personas convencionales, interesadas y progresistas.
Un equipo debate un nuevo proceso de trabajo. Una persona pregunta qué problema causa realmente el proceso actual. Otra quiere hacer primero una prueba pequeña. Una tercera ve enseguida cinco posibilidades que nadie ha explorado. ¿Cuál muestra más apertura al cambio?
Probablemente la tercera. Pero la apertura no es un concurso de buenas ideas ni un juicio sobre quién está al día. El rasgo de los Big Five llamado openness to experience describe hasta qué punto alguien busca ideas, experiencias, perspectivas y complejidad nuevas.
En nuestras guías personales usamos tres puntos de referencia reconocibles: convencional, interesado y progresista. No son tipos fijos ni calificaciones. Describen con qué naturalidad busca alguien la novedad y cuánta evidencia, familiaridad o relevancia práctica necesita para que una ruta nueva le resulte atractiva.
Esta es la tercera parte de nuestra serie sobre las cinco dimensiones de los Big Five. Después de la responsabilidad y la extraversión, volvemos a combinar investigación científica con datos agregados de 2.704 perfiles completos de Personal User Guide. Esta vez analizamos cómo se relacionan las personas con lo nuevo y lo conocido.
La apertura es más que disfrutar de algo nuevo
La investigación sobre la estructura de los Big Five distingue dos aspectos relacionados dentro de la apertura: openness, orientado a la imaginación, la percepción, la emoción y la estética, e intellect, orientado a las ideas, la abstracción y el razonamiento. Colin DeYoung, Lena Quilty y Jordan Peterson encontraron estos dos aspectos al analizar 75 facetas de personalidad en dos muestras (DeYoung, Quilty & Peterson, 2007).
Esta distinción evita tres malentendidos:
- La apertura no es lo mismo que la inteligencia. Disfrutar de las ideas abstractas es distinto de la capacidad cognitiva.
- Convencional no significa oponerse al cambio. Una persona puede apoyar un cambio cuando el problema, la evidencia y la utilidad están claros.
- Lo nuevo no es creativo por definición. Una idea solo tiene valor cuando es original y útil en su contexto.
Los términos de nuestras guías traducen este rasgo amplio a conductas cotidianas.
Convencional significa que alguien prefiere construir sobre lo que ya ha demostrado funcionar, valora la información concreta y quiere relacionar el cambio con un problema claro. Interesado significa que alguien explora nuevas posibilidades y al mismo tiempo busca su sentido práctico. Progresista significa que alguien piensa con facilidad fuera de los marcos existentes, tolera la complejidad y obtiene energía de ideas que aún no se han probado.
Cada posición tiene también un lado de riesgo. Conservar puede convertirse en aferrarse demasiado tiempo a lo conocido. El interés puede quedarse en explorar sin elegir. El progresismo puede transformarse en novedad sin problema, demasiados conceptos a la vez o poca atención a lo que ya funciona.
Qué revelan 2.704 perfiles
Para este artículo usamos el mismo análisis respetuoso con la privacidad que en nuestro estudio anterior de perfiles de personalidad. Excluimos los perfiles públicos de demostración. Solo publicamos datos agregados y ningún dato individual de usuarios.
Convencional es el término que mejor encaja con el 11 por ciento, interesado con el 43 por ciento y progresista con el 46 por ciento. Casi nueve de cada diez perfiles están, por tanto, en el centro o en el lado progresista. Eso no resta relevancia a la voz convencional. En un equipo, esta preferencia menos frecuente puede aclarar qué problema resuelve una idea y qué calidad existente no debe perderse.
Este grupo de usuarios no es una muestra representativa de ningún país ni de todas las personas trabajadoras. Cada persona decidió crear un perfil en Personal User Guide. No disponemos de datos fiables sobre edad, país, sector, función o contexto de uso. Las cifras describen a este grupo, no a la población, y no demuestran relaciones de causa y efecto.
La innovación puede convertirse pronto en una cuestión de estatus
Las ideas nuevas suelen sonar ambiciosas. Pedir evidencia puede sonar enseguida a freno. Por eso una persona progresista puede adquirir fama de visionaria, mientras que una persona convencional queda descartada como difícil o anticuada. También ocurre lo contrario: una idea nueva se trata como fantasía antes de que alguien la examine con justicia.
Entonces el equipo deja de debatir la calidad de la propuesta. Empieza a defender identidades. La persona progresista tiene que demostrar que innova. La persona convencional tiene que demostrar que es realista.
Un proceso mejor separa tres preguntas: qué problema resolvemos, qué posibilidades merecen explorarse y qué evidencia necesitamos para decidir. Así, tanto la imaginación como la evaluación obtienen un lugar legítimo.
Qué dice la investigación sobre creatividad y aprendizaje
La apertura guarda una relación estrecha con la creatividad, pero sus dos aspectos no contribuyen de la misma manera. En cuatro muestras con un total de 1.035 participantes, openness predijo principalmente los logros creativos en las artes, mientras que intellect predijo sobre todo los logros creativos en las ciencias. Estas diferencias siguieron siendo visibles cuando los investigadores tuvieron en cuenta los demás rasgos de los Big Five, la capacidad cognitiva y el pensamiento divergente (Kaufman et al., 2016).
Eso hace que la apertura sea relevante para el trabajo innovador, pero no convierte a toda persona progresista en una innovadora de éxito. Los logros creativos también requieren conocimientos, práctica, oportunidades, colaboración y ejecución. Preferir las ideas no garantiza que una idea sea buena ni que llegue a hacerse realidad.
Un metaanálisis clásico sobre personalidad y rendimiento laboral no encontró una ventaja general de la apertura en todos los puestos, pero sí una relación con el desempeño durante la formación (Barrick & Mount, 1991). Esto encaja con la curiosidad, los intereses amplios y la disposición a procesar información nueva. También aquí la personalidad es solo un factor junto a la calidad de la formación, los conocimientos previos, la motivación y el entorno de trabajo.
Seis políticos conocidos en una escala
Para concretar los tres términos, situamos a seis de los líderes políticos más conocidos del mundo en la escala de apertura. Sus preferencias proceden de nuestros perfiles de demostración y son estimaciones editoriales basadas en fuentes públicas. No son autoevaluaciones, diagnósticos ni pruebas sobre los políticos como grupo.
Incluso dentro de una misma categoría profesional, las preferencias varían. Un político puede apoyarse de forma convencional en métodos probados, combinar distintas perspectivas con interés o cuestionar de forma progresista las convenciones existentes. La visualización no dice nada sobre posiciones políticas, idoneidad o éxito.
En la práctica: convencional, interesado y progresista
Pregunta qué problema se resolverá, busca evidencia concreta y protege el valor que podría perderse con el cambio.
Investiga nuevas posibilidades y a la vez busca una prueba práctica de la que el equipo pueda aprender.
Conecta ideas, tolera la complejidad y abre rutas fuera de los supuestos actuales.
Convencional: relacionar el cambio con un problema real
Las personas convencionales aportan continuidad, conocimiento práctico y respeto por las soluciones probadas. A menudo ven dependencias que un relato entusiasta sobre innovación pasa por alto. Su pregunta “¿por qué cambiar?” puede afinar un proyecto.
El riesgo aparece cuando la situación actual sigue siendo el patrón frente al cual toda ruta nueva debe demostrar por completo su valor. Lo conocido recibe confianza gratuita y lo nuevo soporta una carga de prueba imposible. Acordad qué señal concreta basta para iniciar un experimento sin abandonar de inmediato toda la forma de trabajar.
Interesado: aprender con un propósito
Las personas interesadas suelen moverse con facilidad entre explorar y aplicar. Quieren entender cómo funciona algo y buscan una forma de probarlo en la práctica. Por eso pueden tender un puente entre colegas convencionales y progresistas.
Su riesgo es acumular opciones interesantes sin un momento claro para elegir. Dejad visible de antemano qué pregunta debe responder el experimento y qué resultado llevará a continuar, adaptar o detenerlo.
Progresista: abrir posibilidades sin perder la ejecución
Las personas progresistas combinan ideas con facilidad, piensan de forma abstracta y se desaniman menos ante la complejidad o una imagen incompleta. Pueden ayudar a un equipo a superar supuestos que antes fueron útiles pero ahora lo limitan.
Su fortaleza puede convertirse en acumular conceptos, aburrirse pronto con la ejecución o tratar la innovación como un fin en sí mismo. Además de preguntar “¿qué es posible?”, preguntad “¿qué problema reducirá esto?” y “¿qué debe ocurrir para probarlo durante una semana real?”.
Adaptarse cuando cambian las reglas
La apertura puede ser especialmente valiosa cuando un enfoque conocido deja de encajar. En un estudio de laboratorio, 73 participantes tomaron decisiones en una simulación cuyas reglas cambiaron de forma inesperada. Después de esos cambios, una mayor apertura se relacionó con mejores decisiones. Antes del cambio, la capacidad cognitiva era el principal predictor del rendimiento (LePine, Colquitt & Erez, 2000).
Fue un estudio pequeño y controlado, no una prueba de que los colegas progresistas afronten mejor cualquier reorganización. Sí ilustra un mecanismo útil: cuando las reglas anteriores pierden su capacidad predictiva, ayuda estar dispuesto a revisar la propia representación de la tarea.
La lección para los equipos es más amplia. No diseñéis un proceso solo para condiciones estables. Acordad también qué señal indica que deben volver a examinarse los supuestos.
Diseñar el cambio como un ciclo comprobable
Un buen proceso de innovación no elige entre imaginación y evidencia. Da trabajo a cada una en el momento adecuado.
- 1ConservarNombrad lo que funciona y lo que falla
Concretad qué problema exige un cambio y qué calidad existente debe seguir protegida.
- 2ExplorarAbrid varias posibilidades
Aplazad brevemente el juicio e investigad también rutas fuera de los supuestos actuales.
- 3ProbarHaced una idea lo bastante pequeña
Elegid una prueba reversible con responsable, plazo y una señal de aprendizaje visible.
- 4DecidirUsad evidencia e intención
Continuad, adaptad o detened. Registrad cómo cambió el experimento los supuestos originales.
Cuatro preguntas hacen concreto este ritmo:
- ¿Qué problema justifica el cambio? Sin un problema, la innovación se convierte pronto en la preferencia de la voz más fuerte.
- ¿Qué no debe perderse? Proteged de forma explícita el valor que sí aporta el proceso actual.
- ¿Qué supuesto estamos probando? Una prueba pequeña debe producir información, no solo actividad.
- ¿Cuándo decidiremos? Sin un momento de decisión, el interés se prolonga y experimentar se convierte en la nueva rutina.
Lo que la apertura no dice
La apertura no dice si alguien es inteligente, creativo, tolerante, moral, culto o apto para liderar. Convencional no significa anticuado. Progresista no significa visionario. Interesado no significa que todo le interese.
La preferencia tampoco implica que alguien responda igual en todos los contextos. Una diseñadora progresista puede aferrarse a un proceso de seguridad probado. Un contable convencional puede ser el primero en probar nueva tecnología en casa. El interés, los conocimientos, el riesgo y la función también orientan la conducta.
Preguntad por situaciones concretas:
¿Cuándo te da energía una idea nueva, qué evidencia necesitas para tomarla en serio y qué quieres proteger cuando cambiamos?
Esto resulta más útil que preguntar si alguien tiene una mentalidad abierta. Hace visible cómo combina realmente una persona las ideas, la evidencia y el cambio.
La apertura describe la ruta de lo conocido a lo posible
La apertura no es una clasificación de buenos y malos colegas. Las personas convencionales protegen la continuidad y la evidencia. Las interesadas conectan la exploración con la aplicación. Las progresistas abren posibilidades fuera del marco existente. Los problemas surgen cuando una contribución excluye a las demás.
Nuestros 2.704 perfiles concretan esa colaboración: el 11 por ciento es convencional, el 43 por ciento interesado y el 46 por ciento progresista. En casi todos los equipos grandes se encuentran personas con diferentes cargas de prueba y distintos apetitos por lo desconocido.
No uséis la prueba de los Big Five ni vuestra guía personal para decidir quién es la persona innovadora. Usadlas para diseñar un proceso mejor: ¿qué problema resolvemos, qué posibilidad probamos y qué evidencia determina el siguiente paso?
En las siguientes partes de esta serie trataremos la amabilidad y la sensibilidad emocional con la misma combinación de investigación, datos agregados y acuerdos concretos de colaboración.






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